Cada 12 de octubre, muchos celebran el llamado «descubrimiento de América», ignorando la verdadera historia marcada por la invasión, el despojo y la resistencia de los pueblos originarios.
La llegada de los europeos aquel 12 de octubre de 1492 fue el inicio de un proceso de violencia y dominación cuyas consecuencias siguen presentes más de cinco siglos después.
Durante tres siglos se apropiaron del oro, la plata y otros recursos para enriquecer sus imperios, sometieron a millones de indígenas al trabajo forzado e impusieron religión y autoridad mediante la violencia.
Por eso, llamar a ese proceso «descubrimiento» es contar la historia desde la perspectiva de quienes hurtaron y mataron a nuestros ancestros, ignorando a quienes sufrieron sus consecuencias y resistieron.
En Honduras, las huellas de la invasión siguen presentes en las disputas por el territorio y en los intereses de compañías extranjeras y élites nacionales.
Claro ejemplo son las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), un régimen que, bajo la excusa de atraer inversiones y generar empleo, está poniendo en riesgo la soberanía nacional.
En septiembre de 2024, la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional el marco legal de las ZEDE. Sin embargo, los conflictos por la tierra no desaparecieron con esa resolución.
En 2026, la disputa territorial continúa: el Centro de Estudio para la Democracia (CESPAD) documentó al menos ocho desalojos masivos entre enero y agosto de este año.
Uno de los casos más graves ocurrió el 6 de julio en la comunidad garífuna de San Juan, en Tela, Atlántida.
Más de 200 agentes policiales participaron en un operativo de desalojo que, según denunciaron organizaciones defensoras, estuvo marcado por el uso de gases lacrimógenos y agresiones contra la comunidad. Además, cinco personas defensoras fueron detenidas.
Estos hechos demuestran que las disputas por la tierra y el territorio siguen vigentes. Por eso, no basta con condenar la invasión europea de hace cinco siglos mientras se ignora a quienes hoy denuncian desalojos, amenazas y criminalización por defender lo que les pertenece.
Este 12 de octubre es para recordar a los pueblos que resistieron la invasión y reconocer a quienes continúan defendiendo sus territorios.
La invasión no terminó con la retirada de los colonizadores europeos, ni la libertad llegó con la firma de las actas de independencia.
Mientras nuestros pueblos tengan que luchar por sus tierras, la riqueza de nuestros territorios beneficie a unos pocos y se imponga el capital por encima de la vida, la descolonización seguirá como una tarea pendiente.
Este 12 de octubre no se debe celebrar ni agradecer a quienes llegaron a saquear el continente. Este día honramos a nuestros ancestros que resistieron y a quienes hoy continúan defendiendo la tierra, la memoria, la dignidad y la soberanía de sus territorios.