América Latina celebra la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, quien conquistó un cuarto mandato presidencial en Brasil este 25 de octubre.
Su triunfo demuestra que la lucha por la justicia social sigue viva y que millones de personas defienden el derecho a construir un futuro con igualdad, dignidad y soberanía.
Por eso, para quienes vivimos las consecuencias de la injerencia extranjera y soñamos con una América Latina donde los pueblos decidan sus presidentes, esta victoria trasciende las fronteras brasileñas.
Nos recuerda que nuestros países pueden defender sus derechos, decidir el rumbo de sus gobiernos y luchar por una sociedad donde la riqueza contribuya al bienestar de las mayorías.
Brasil demuestra que la justicia social puede transformar vidas
Durante sus primeros dos mandatos, entre 2003 y 2010, Lula amplió las políticas de transferencia de ingresos y el acceso a la educación superior pública.
El país creó 14 universidades federales y 126 nuevos campus y unidades universitarias. Las plazas de ingreso a las universidades federales pasaron de 109,200 en 2003 a 222,400 en 2010.
Durante su tercer mandato, Lula retomó la prioridad de las políticas sociales.
En 2024, Bolsa Família atendió a más de 20,8 millones de familias y Farmácia Popular benefició a 24,07 millones de personas mediante el acceso a medicamentos.
Detrás de estas cifras hay familias que pueden cubrir sus necesidades, personas que acceden a tratamientos médicos y jóvenes que encuentran oportunidades para estudiar.
Las políticas públicas pueden transformar vidas cuando destinan recursos a la salud, la educación y la protección social.
América Latina merece decidir sin injerencias
Durante décadas, Estados Unidos ha ejercido presión sobre nuestros países mediante intervenciones políticas, medidas económicas y acciones que han condicionado decisiones nacionales.
Esa injerencia también alcanza los procesos electorales.
En Honduras, Donald Trump manifestó públicamente su respaldo a Nasry Asfura durante la campaña de 2025 y vinculó su eventual triunfo con la relación que Washington mantendría con el país.
Sus declaraciones introdujeron presión externa en una decisión que correspondía al pueblo hondureño.
La experiencia hondureña muestra por qué la soberanía debe defenderse en cada proceso electoral.
En cambio, en Brasil, pese a las presiones de Donald Trump para favorecer a Bolsonaro, el pueblo brasileño salió a votar masivamente y no permitió que EE.UU. decidiera quién sería su presidente.
Por lo tanto, Brasil representa un ejemplo de dignidad y soberanía al defender el multilateralismo y promover una mayor cooperación entre los países, especialmente del Sur Global, para fortalecer su autonomía.
Para avanzar en esa dirección, América Latina necesita acuerdos que fortalezcan sus economías y políticas públicas que garanticen que los beneficios del desarrollo lleguen a las mayorías. Y, sobre todo, soberanía para decidir sobre sus recursos, qué sectores reciben inversión pública y cómo se destinarán los fondos en salud y educación según las prioridades de cada gobierno.
La esperanza latinoamericana se construye desde los pueblos
La victoria de Lula recuerda que América Latina mantiene viva la aspiración de construir sociedades soberanas.
En una región atravesada por la desigualdad y las disputas por el poder, millones de personas siguen defendiendo su derecho a vivir con dignidad, acceder a servicios públicos y decidir libremente el futuro de sus países.
El pueblo brasileño ha dado continuidad a un proyecto político vinculado a las reivindicaciones sociales y a la defensa de la soberanía.
Para América Latina, su victoria representa una oportunidad para mantener el debate sobre la justicia social y la independencia económica.
También nos recuerda que las transformaciones requieren participación ciudadana, organización social y gobiernos dispuestos a responder a las demandas de las mayorías.
Esa lucha continúa en cada país que reclama el derecho a decidir sus prioridades, administrar sus recursos y construir un futuro con mayores oportunidades.
El triunfo de Lula aumenta la esperanza de quienes aspiran a una América Latina donde la cooperación prevalezca sobre las imposiciones, los recursos contribuyan al bienestar colectivo y las decisiones políticas respondan a las necesidades de sus pueblos.
El pueblo brasileño renovó la esperanza en Brasil, inspirándonos a luchar por una América Latina libre, digna y soberana.